Rafael de Pool | Las Obras de Rafael de Pool
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Las Obras de Rafael de Pool

Las Obras de Rafael de Pool

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La primera sensación que experimentamos ante las obras de Rafael de Pool es la presencia de realizaciones inspiradas en la adversidad y comprometidas con la diversidad. Pero lo interesante es que estos conceptos de adversidad y diversidad también se confirman como la última impresión que resulta de la visión completa de las obras. La adversidad aquí se asocia con la desaparición de muchas especies de aves así como con el atentado frente a otros especimenes que transitan hacia un análogo destino. El alcance de la adversidad aquí igualmente se proyecta hacia la ecología circunstancial que rige la particular vivencia del ser humano. Esta idea de adversidad se acompaña, en este contexto, con un anhelo de diversidad. La diversidad como núcleo a partir del cual se emprenden los esfuerzos y también como destino hacia el cual se orientan los empeños de nuestra realidad plural. Diversidad inscrita en la riqueza ecológica e ideológica, así como en la esencia misma del orden natural y cultural. Sin lo diverso sería impensable lo natural y lo cultural, la flora y la fauna, lo humano y sus expresiones de avance y desarrollo. Para comprender estos significados, basta aceptar que, si bien es cierto que cada ser humano es igual a todos los seres humanos, no es menos cierto que cada ser humano es distinto a todos los seres humanos. En definitiva, vivimos una universalidad que equivale a una « diversalidad » en tanto que nuestra contemporaneidad es la expresión suprema de la heterodoxia, del pluralismo y de la divergencia. Esta trama conceptual, a nuestro juicio, atraviesa la secuencia reflexiva de la obra de Rafael de Pool.

Los arraigados contenidos descritos se traducen en ensamblajes que comparten una extraña sensación de rusticidad con una delicada y meticulosa resolución. Hay algo raudo pero igualmente existe un predominio de lo sutil y delicado. Las obras se presentan como estructuras en sedimentación y como ordenaciones en erosión. Se siente un énfasis de indivisibilidad pero también se presiente un cierto riesgo de divisibilidad. Siempre está presente un juego que promueve efectos ambivalentes y alcances metafóricos. Las estructuras están fragmentadas y los espacios estriados pero, sin embargo, se impone el compendio unitario. Todo fomenta una apariencia de fugacidad y estabilidad en permanente alternancia. Es así como el desenlace perceptivo ocurre con la visión total de cada obra y con la captura parcial de cada detalle. Este acontecimiento estético se encuentra fuertemente apoyado en el fondo ordenador reportado por la serialidad de elementos dispuestos con rigor y acoplados con paciente entrega. Detrás de cada plano hay muchas otras cosas distintas a lo que sólo puede ser reconocido visualmente. Siempre existe una estructura secreta que se teje y se arma en función de una denodada y devota factura. Como derivación de esa especie de pasión se producen convocatorias y desafíos al espectador. Uno se siente ante ecologías comprimidas en relieves y planos revelados en condensaciones. Hay jaulas y aves convertidas en símbolos ecológicos y en signos bucólicos. Lo material y lo inmaterial se amarran por igual para favorecer la presencia de sensaciones inconmensurables. Aquí recurrimos a Bachelard para entender que lo inconmensurable es « una categoría filosófica del ensueño que huye del objeto próximo y se concentra muy lejos, en el espacio de lo situado en otra parte ».

Rafael de Pool se inspira en lo ecológico y replantea lo ecológico, pero igualmente aspira a ir más allá de lo ecológico. Su raíz es de naturaleza ecológica pero su propósito está proyectado hacia lo antropológico. Él entiende que el ser humano no es alguien distinto a toda la realidad que aborda. El ser humano es sujeto y objeto de todo ese desequilibrio. Por eso, el artista no sólo deja testimonio de significados y experiencias, sino también de vivencias y sentimientos. Al final, su obra termina siendo de inspiración critica pero de vocación exhortativa. Es algo más que denuncia, se trata igualmente de un reclamo y de una invitación. Al final, lo que el artista siente es la extraña combinación de un sufrimiento con un sueño. Sensaciones éstas que reviven el aforismo de Schiller:  » Lo que embelesa la fantasía es un espectro y lo que conmueve el corazón es una ilusión ».

Como cosa curiosa se impone destacar que la amplitud de los alcances de esta obra no sólo se afianza con la combinación de lo rústico con lo lírico. Asimismo, procede la interesante definición de registros que trascienden cualquier encasillamiento inclinado hacia lo figurativo o hacia lo abstracto. Rafael de Pool va más allá de la figuración y más allá de la abstracción. Él se mueve en ese sinuoso y complejo intersticio de lo indeterminado lo cual sugiere la existencia de una extraordinaria cualidad. Esto significa una ruptura con lo convencional y un salto a lo extraordinario. Parafraseando a Lyotard podríamos decir que la comunicación de la no comunicación es la expresión suprema de la comunicación estética. Por eso, su planteamiento comienza donde desaparece la diferencia entre lo alusivo y lo elusivo. Y también se inicia donde el lenguaje verbal deja de escrutar con espíritu de traductor traicionero. Para decirlo con palabras de Octavio Paz: « El sentido está en otra parte: allá, siempre más allá ».

Desde un punto de vista formal, el artista recurre al ensamblaje de núcleos y segmentos que se acompañan de otros módulos para convertirse en conjuntos integrados. Los resultados se concretan mediante equilibradas geometrías que responden a apariencias asimétricas y filiformes. Lo asimétrico se expresa con proporcionalidad y secuencia, mientras que la apariencia filiforme toma presencia en filamentos que sobresalen con fuerte sentido de expansión. Esta combinación adopta siempre un temperamento de equilibrada proporción que no esconde la intención de combinar racionalidad y capricho, solidez y volatilidad, simulación y disimulación. Estas sensaciones se incrementan debido a la incorporación de espacios y sombras que se integran y proyectan a través de los planos y mantos que se solapan.

Son muchos los atributos visuales que surgen de este empeño intuitivo, onírico y lúdico que asume Rafael de Pool. Ante todo se advierten piezas que siempre están activadas por la fuerza de una riqueza intrínseca así como por la capacidad interactiva de los espectadores. El fundamento de esta activación no puede divorciarse de los aspectos y criterios técnicos a los que recurre Rafael de Pool, ya que estos se encuentran directamente vinculados con la intención de su propuesta. Él adopta lo procedimental y selecciona los materiales con un propósito más sustantivo que ocasional. Los mantos de plumas reales y simuladas, los filamentos de madera y hierro, las piedras y siliconas, las cuerdas, fibras y grafitos, en fin, la totalidad de los recursos son asumidos en la plenitud de sus atributos intrínsecos pero también adquieren la connotación simbólica que sentencia el artista. Valor especifico y fecundidad generada se combinan aquí para revalorizar la importancia del trabajo  » con la », « en la  » y « sobre la » materia.

En el orden de esta capacidad, afloran las distintas realizaciones con una espontánea proliferación. Ninguna de ellas se libera de la presión de los conceptos pero tampoco alguna de ellas se desprende del peso del material. Concepto y materia aquí conviven con una elevada fidelidad que repotencia la sentencia de M. Blanchot:  » La animación que le es propia a la imagen es el punto de surgimiento en el que, hablando hacia dentro, habla completamente hacia afuera ».

Por Victor Guèdez